por Irene Martín Tirado.

Septiembre 2013

La vida es tan bonita como seamos capaces de conseguir que sea. La lucha de cada persona, hace que consiga muchos y diferentes colores para su paleta personal.

Qué bonita sería una vida si tuviéramos la libertad de poder utilizar todos los colores del arcoíris, pero todavía hoy, hay muchas personas que sólo ven las tonalidades grises y así es, como quieren hacernos ver la realidad, al resto de personas.

El Sábado, 14 de Septiembre, en una clara, calurosa y esperanzadora tarde del otoño de Madrid, nos reunimos, a la cabeza, el cuerpo de seguridad del estado, para que nos abrieran paso con sus oscuros furgones, a través de la calle atocha.

Este protocolario comienzo, nada tenía que ver con los coloridos globos de una alegre visión.

Más de una docenas de pancartas, banderas de nuestras regiones, aunadas en la capital de un estado soberado, que no nos quiere ver.

Una bandera republicana, recordando que algún día llegaré la tercera…

Muchos lemas. Mucha rabia ante un sistema incoherente, donde no se cumplen sus propias leyes, donde “cultivadas comunicadoras” comparten sus miedos hacía “los monstruos” que deciden tomar las riendas de su propia vida.

Más de un centenar de personas nos congregamos en una vistosa fiesta de sonido por parte de Tamcúmbada, de reivindicaciones, de risas ante los reencuentros de las amistadas forjadas en las síes anteriores ediciones. Todo ha sido realmente bello.

Tod@s en unidad, organizado por el Foro de Vida Independiente y Divertad, personas que son, lo que sienten ser, personas CON diversos trastornos, autismo, down o como en mi propio caso TDAH.

Personas que careciendo de una perfecta vista, con sus bastones o perros guías, personas sin audición o que se desplazan por este mundo rodando, han encontrado la forma de alcanzar sus objetivos.

Familias al completo, que representan a las familias de hoy en día, las actuales, las reales.

NO son, las que ciertos colores celestes quieren hacernos creer como “Dios manda”, que son las desestructuradas. ¿Cómo es posible que aquellos que aman al prójimo, admitan la existencia de UN SÓLO modelo de familia “correcta”? No encuentro respuesta, ante las sonrisas de una infancia feliz, gracias a un@s familias que los adoran.

Desde la más tierna infancia, podía ver como participaban en la marcha, bailando al son de los tambores, o en los brazos de sus progenitores, e incluso a personas jubiladas, que encontraban su espacio propio y personal, donde poder hacerse visibles, ante todas aquellas atónitas personas que nos miraban desde los balcones de los edificios o tod@s l@s transeúntes que sin saberlos, los incluíamos en nuestra fiesta.

Algunas caras de asombro, otras de compasión, otras de incomprensión, otras de indiferencia, muchas de alegría…

Las personas etiquetadoras, comprenden la necesidad de este tipo marcha, lo entienden porque “ellos no pueden hacer otra cosa, pobrecitos, es lo que le ha tocado, no tienen cumpla”. Estas personas, son aquellas que creen “desde su olimpo”, que hay que ayudarnos, porque nunca seremos iguales que el resto, pero ¿quién quiere serlo? Yo NO quiero formar parte de una sociedad, que violenta a las personas por sus capacidades o sus “dis”capacidades.

Yo quiero una sociedad, donde cada persona, tenga la oportunidad de elegir, de decidir, de equivocarse y de aprender a ser feliz.

Desterremos la compasión de nuestra sociedad, rodemos para enseñar lo bellos que somos.

Las personas que desde la indiferencia, no saben o no contestan, que nada les parece bien ni mal, sólo pasan por el mundo alienados, por un sistema mercantilista, donde encajan sólo como mano de obra infeliz y barata.

Estas personas se creen felices, por que cumplen con el estereotipo que la sociedad quiere que seamos y sólo cuando sufren alguna lesión medular, ellos mismos o alguna  persona que aprecian, en un accidente de tráfico, o en un mal salto en las vacaciones, entonces y sólo entonces, descubren la luz, una luz que no siempre es blanca o negra.

Una luz que les motivara a luchar, a seguir siendo lo que son, porque eso, su esencia, ningún accidente lo puede cambiar.

Se repartieron cancioneros, octavillas, publicidad de las páginas web de las plataformas de la organización, globos de colores, pelucas y sobre todo ¡sonido!, para aquellas que quieren ser ciegos, no les quede más remedio que escuchar nuestras exigencias.

Exigencias por lo nuestro, por nuestro derecho a estar, a contar, a ser contad@s, a tener la oportunidad de elegir y de decidir sobre nosotr@s mismo@s, a tener una sexualidad plena y sin prejuicios.

Orgullo y envidia, sentía yo, al ver a tantas personas dispuestas a luchar, motivadas por su afán de superación.

En la actual época que nos ha tocado vivir, el sacrificio y el esfuerzo, poco importan, si estos no ocasionan unos cuantiosos beneficios económicos.

Es tan difícil, encontrar a personas que ante las adversidades, alcen su voz y griten: “¡YO, PUEDO!”, pero lo frustrante, tanto para estas personas, como para mí es que tengas que exigir a continuación: “¡DAME LAOPORTINIDAD DE INTENTARLO!”.

Hubo muchas personas, que se quedaron a la espera de que la marcha pasará para continuar con su actividad “normal”, pero lo que estas personas no saben, es que estas marchas, no terminaran nunca, al contrario, cada año son y serán, más numerosas.

Cada día, hay más personas, dispuestas a ser felices, a NO dejarse EXcluir por nadie.

Estas personas, sin saberlo, nos están dando paso, para que les desconstruyamos su mentalidad bicolor, inundándola de infinitas posibilidades, tantas como personas en este mundo.

Personas con unas diversidades funcionales, que viajan sin restricciones, a donde el resto de los mortales nos gustaría ir, pero que el sistema que nos ha sido impuesto, no nos lo permite. “Si somos personas institucionalmente capacitadas, nuestro objetivo es servir al pastor”, que para eso, él, ha sido quien ha decidido que somos válidos, aunque no sean felices, pues la felicidad no le da beneficios.

Algún día, no muy lejano, cuando alguien nos pregunte: ¿Tú qué eres?, contestaremos; Lo que ves. Yo soy, yo mismo, porque soy FELIZ.

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